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domingo, 8 de noviembre de 2009

¡Sorpresa!

De nuevo un alumno me ha vuelto a sorprender. ¡Y creía que ya lo había visto todo!
Acabo de descubrir que los medios que tienen los más jóvenes para aprender cultura religiosa están cada vez más alejados de los canales tradicionales que hemos ido utilizado hasta ahora.
El hecho comenzó con una pregunta rutinaria, y que siempre hago en clase. A algunos de mis alumnos, fruto de su incultura religiosa más elemental, dudan y confunden cúal es el número de mandamientos y de sacramentos de la Iglesia. No están seguros si los sacramentos son siete o diez; mucho menos enumerarlos, eso ya ni me lo planteo. Así que la pregunta del otro día fue la de siempre: ¿Cuántos sacramentos hay? Algunos dijeron siete; otros que diez; la mayoría calló. Finalmente un alumno me dijo: "Profe, los mandamientos son diez. ¡Eso está claro! O sea... que los sacramentos son siete".
Le vi tan seguro en su respuesta que le pregunté por qué lo sabía con esa certeza. La respuesta sí que me dejó desconcertado:
- "Porque lo he visto en Los Simpson" .
Ese día, este alumno me enseñó que en la formación religiosa no debemos desdeñar ningún medio, ni siquiera una serie de dibujos como Los Simpson. Habrá que tenerla en cuenta para lo bueno o para lo malo. Si es para lo bueno, no hay ningún problema, si es para lo malo, habrá que trabajar en orientarles y discernir qué es parodia o una tergiversación de la realidad. Habrá que enseñarles que los dibujos animados nos pueden explicar cosas pero que no deben ser tenidos como verdad absoluta de fe ni de lo que dice la Biblia, pero que de alguna manera informa (paso previo al formar). Además, habrá que hacerles entender que en esta serie, sus autores, lo que pretendenden es hacer una crítica y un escarnio de nuestra sociedad, en todos los sentidos, incluso en el religioso. Habrá que profundizar en su exégesis, en lo que nos quieren comunicar, pero insisto, a pesar de eso no la minusvaloremos. Es uno de los muchos medios del siglo XXI que se nos ofrecen para conocer el mundo. Podrá ser un medio discutible, o no serlo, pero no lo vamos a parar. Yo por lo menos, a partir de este momento, me planteo utilizarlos en alguna de mis actividades de clase. Quizás les saque provecho. Ya se lo explicaré.


martes, 7 de julio de 2009

Biblia e Internet


La Biblia es el libro sagrado de judíos y de cristianos. Es por eso que cobra gran importancia cada descubrimiento, cada investigación y cada proyecto que da nuevas luces a la fe de millones de personas. Hace poco el descubrimiento de un nuevo Evangelio apócrifo: el de Judas, revolucionó los medios de comunicación y al público en general; ahora la noticia es que el los fragmentos más antiguos que se conocen del Nuevo Testamento, los pertenecientes al Codex Sinaiticus, han sido digitalizados, junto a otros del Antiguo Testamento de este mismo códice, y colgados en la red para su consulta. Eso sí, sólo en inglés, alemán, griego y ruso.

La Biblioteca Británica en Londres es la responsable de este proyecto, y para su ejecución ha trabajando en colaboración con el Monasterio de Santa Catalina del Sinai (Egipto), la Biblioteca Nacional de Rusia y la Biblioteca de la Universidad de Leipzig en Alemania.

El codex Sinaiticus es considerado la Biblia cristina más antigua, junto al Codex Vaticanus, ambas datadas en el siglo IV. Es una Biblia escrita en griego (Koiné), que contiene la copia completa más antigua del Nuevo Testamento y una versión del Antiguo Testamento basada en la Biblia judía griega alejandrina llamada LXX o Septuaginta (nombre dado por el número de traductores que trabajaron en su confección).

El descubrimiento del Codex Sinaiticus se debe a Konstantin von Tischendorf quien en tres viajes al monasterio de Santa Catalina en el Sinaí, halla unas hojas de pergamino pertenecientes a diferentes libros del Antiguo Testamento. Estos pergaminos son traslados a Rusia, guardados en la Biblioteca Nacional Rusa en San Petersburgo. En 1933 la Unión Soviética vendió los manuscricitos a la Biblioteca Británica en Londres y posteriormente, otros a la Universidad de Leipzig. También se conservaron algunos legajos en el mismo monasterio.

Hoy gracias a la técnica y a la colaboración de diferentes instituciones podemos ver y consultar uno de los grandes tesoros de la humanidad: Una Biblia de hace unos 1600 años de antiguedad y base para la fe de millones de personas.

miércoles, 21 de enero de 2009

Normalidad laica

Barack Obama acaba de jurar su cargo de Presidente de los Estados Unidos. Todo el mundo ha centrado su vista en este acto, que muchos han entendido como un cambio muy importante en el país más poderoso del mundo. La expectación mediática ha sido inusitada. Las liturgia del acto milimetrada. Un espectáculo de primer orden mundial en el que por primera vez un presidente negro, perdón, afroaméricano (eufemismo para no herir sensibilidades) llegaba a la Casa Blanca.
Si analizamos a fondo el acto de toma de posesión de Obama, su discurso, sus formas podemos concluír que ha existido una absoluta normalidad laica. El nuevo presidente no ha escatimado símbolos: Ha jurado su cargo sobre una Bíblia, en el país que muchos señalan como dirigido por el lobby judio. Parece que a nadie le ha molestado. El mismo Obama ha dicho en su discurso: "Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos y e hindúes - y de no creyentes", pero el juramento como presidente de "todos los estadounidenses " lo ha hecho sobre una Biblia, y no ha pasado nada, a nadie le ha precido mal, ni nadie se ha quejado. También en su discurso ha hecho, en cuatro ocasiones, referencias a Dios y ha finalizado con el ya consabido "que Dios os bendiga, que Diós bendiga a América". Esto es la normalidad laica que tanto echamos en falta por estos lares.
Si esto se hubiera producido en España ya tendríamos la guerra montada. Estaríamos ya a a la greña sobre si retirar Biblias, crucifijos, cualquier otro elemento de simbología religiosa. Hablaríamos si un político debe jurar o prometer, si debe, en definitiva, hacer referencias a cualquier aspecto de la religión. Es el sinsentido carpetovetónico en el que sólo se tiene la razón si atacas y acabas con el prójimo. En definitiva, es la laicidad mal entendida.

sábado, 25 de octubre de 2008

¡La Biblia... para todos!

Hace unos años pedí a mis alumnos de Religión que para la próxima clase trajeran una Biblia. La intención no era otra que hacer una actividad que les aproximara a alguno de los contenidos de ese libro. La respuesta de todos ellos me dejó perplejo: “No tenemos Biblia”. En alguno de los casos, que conocía con detalle, la Biblia debía ser el único libro que faltaba en sus casas, por que de historia y filosofía estaban llenos.
Volvemos a lo de siempre: ¿laicismo mal entendido, anticlericalismo tergiversado o simplemente militancia antireligiosa? Aquellos padres, simplemente por ideología, estaban privando a sus hijos de un conocimiento fundamental de su propia cultura. Menos mal que por lo menos los apuntaron a clase de Religión y pudieron hojear ese conjunto de 72 libros tan decisivo e importante para toda la humanidad.
La XII Asamblea del Sínodo de Obispos, reunida en el Vaticano, lo ha dejado muy claro. Ha pedido que se enseñe la Biblia en las escuelas, incluso en las públicas, porque “es necesaria para encontrar la identidad histórica, civil, humana y espiritual del hombre”. Completamente de acuerdo. Desde el Reliblog, siempre hemos defendido una cultura religiosa obligatoria para todos, en la que nadie quede excluído de sus fundamentos. Las razones, los Obispos del Sínodo las han dejado claras; pero esta petición contradice lo que la Jerarquía respondió en su momento, no hace mucho, a la Administración cuando se les preguntó sobre su predisposición ante la posibilidad de hacer una materia de Cultura Religiosa común para todos los alumnos. La respuesta fue clara: “No”. Las otras confesiones sí aceptaron e incluso lo veían con buenos ojos. Los responsables de la Jerarquía dejaron claro que no renunciarían nunca a su "priveligio" del nombramiento y la remoción del profesorado de religión. Lo de llegar a todos, parecía secundario.
Esperemos que esta nueva afirmación de la XII Asamblea del Sínodo de Obispos abra voluntades y sensibilidades para que ningún alumno, pero ninguno de ellos (ni tan siquiera los de la pública), dejen de conocer ese gran tesoro de la humanidad: El libro más publicado y leído del mundo.