viernes, 26 de septiembre de 2008

La puerta de entrada

No es inusual, a lo largo de nuestro camino laboral, encontrarnos con recriminaciones respecto a nuestra forma de entrar a formar parte del colectivo de docentes. Es parte del maltrato psicológico que ya hemos comentado anteriormente en otro artículo del Reliblog. Quien mas y quien menos ha oído alguna vez la expresión de “haber entrado por la puerta falsa”, referida a un maestro o profesor de religión. La expresión es profundamente injusta, ya que trata de menospreciar una forma -quizá no la habitual- válida, ya que está contemplada por la ley, de entrar a trabajar en la administración pública.
No entraremos ahora en una batalla dialéctica sobre cómo son los procesos de oposiciones y los colectivos que han entrado a formar parte del cuerpo de docentes sin éstas. Tampoco hablaremos de los métodos que se han utilizado para conseguirlo. Sólo queremos hacer ver que en nuestro proceso , el de los docentes de religión, las puertas a atravesar no han sido sólo una, ni han sido falsas. Las puertas a atravesar son dos, y bien reales: Por un lado, la del obispado; por otro, la de la administración pública. Así, la exigencia de entrada en nuestro colectivo siempre ha sido doble, como lo ha sido también, a diferencia de nuestros compañeros de claustro, la exigencia de nuestra titulación. Ha habido personas que no han conseguido atravesar la segunda puerta, otros ni tan siquiera la primera. Si os encontráis alguna vez a alguien que os hace el comentario de la puerta falsa, explicadle esta argumentación. Su cara cambiará.

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